CUANDO LA ROCA SE CONVIERTE EN PINTURA
Bruno Müller-Meyer se aventura en nuevos territorios. Todos conocemos sus cuadros, que parecen brillar desde dentro, con el Rigi, el Kreuztrichter, el Bauen y el Bürgenstock, vistos desde su estudio en St. Niklausen. Sus nuevas pinturas de los Alpes son más expresivas: la naturaleza ya no es un lugar de paz y armonía, sino un espacio de inquietud elemental. El detonante fue un viaje al valle de Lötschental poco después del desprendimiento de tierra. Una de las dos obras de gran formato muestra el terreno escarpado sobre Blatten con la cara norte del Bietschhorn; otra, el glaciar Morteratsch frente al grupo de la Bernina. Una pincelada cruda e indómita hace que la impresionante rítmica de las paredes rocosas, el hielo y los desprendimientos de roca se pueda experimentar casi físicamente. Toda una experiencia.